octubre 30, 2025
La Castanyada: fuego, memoria y patrimonio inmaterial
Cada 1 de noviembre, el aroma a castañas y boniatos asados inunda las calles y los hogares de Cataluña. Es la Castanyada, una celebración que, más allá de su apariencia popular y gastronómica, hunde sus raíces en una antigua tradición vinculada a la memoria de los difuntos.
Desde Tàrrega, tierra de otoño, fuego y raíces, CIRCLE Corporation promueve una mirada sostenible hacia el patrimonio funerario y las costumbres que mantienen viva la conexión entre las personas, el territorio y sus antepasados.
Una tradición con origen funerario
El origen de la Castanyada se remonta a los siglos XVIII y XIX, cuando las familias se reunían la víspera de Todos los Santos para velar a los difuntos. Mientras se rezaban rosarios en su memoria, se encendían brasas para calentar el hogar y se compartían alimentos sencillos: castañas, boniatos, panellets y vino dulce.
Las castañas, símbolo de renacimiento por su forma redondeada y su dureza exterior, representaban el alma que atravesaba el fuego para alcanzar la paz eterna. De hecho, en muchas zonas rurales se creía que cada castaña tostada equivalía a un alma liberada del purgatorio. Por eso, las familias las ofrecían como alimento espiritual y terrenal al mismo tiempo.
Durante las vigilias, conocidas como vetlles de Tots Sants, los vecinos se turnaban para mantener las velas encendidas en honor a los difuntos. En aquellas largas noches de oración, las castañas asadas servían para resistir el frío y permanecer despiertos. Con el tiempo, los grupos de campaneros y voluntarios que tocaban las campanas en memoria de los muertos recibían también castañas, pan y vino como agradecimiento.
Así nació la Castanyada: una tradición que unía el fuego del recuerdo con el alimento de la comunidad.
De ritual íntimo a fiesta popular
Con el paso del tiempo, la Castanyada fue perdiendo su carácter estrictamente religioso y se transformó en una fiesta otoñal y familiar, aunque su esencia sigue ligada a la memoria. Las castanyeres —mujeres que asaban y vendían castañas en la calle— se convirtieron en símbolo de la ciudad y del otoño.
Hoy, esta tradición convive con celebraciones de origen diverso, como Halloween, pero mantiene su carácter mediterráneo, cálido y humano: se celebra en familia, se comparte la mesa y se recuerda, sin tristeza, a quienes ya no están.
En esta evolución puede leerse también una lección sobre el patrimonio funerario: las costumbres que nacen de la muerte no desaparecen, sino que se transforman para seguir acompañando la vida.
Patrimonio funerario e identidad cultural
En el reciente Informe del Patrimonio Funerario 2024 de FIAT-IFTA, traducido al castellano gracias a la colaboración de PANASEF, se subraya precisamente esta dimensión: el valor del patrimonio funerario inmaterial, compuesto por rituales, costumbres, músicas, sabores y gestos que mantienen viva la memoria colectiva.
El informe destaca que preservar estas prácticas no significa anclarse en el pasado, sino reconocer en ellas un lenguaje común de respeto, continuidad y humanidad. Desde los altares domésticos hasta las castañas compartidas, el patrimonio funerario nos enseña que la memoria también se celebra, se cocina y se transmite.
Leer el informe completo de FIAT-IFTA 2024 (versión en castellano, gracias al apoyo de PANASEF))
CIRCLE Corporation y la memoria como horizonte sostenible
Para CIRCLE Corporation, la Castanyada simboliza el equilibrio entre tradición, territorio y sostenibilidad. Una festividad nacida del silencio y el fuego que hoy nos recuerda que honrar la memoria también implica cuidar el entorno y fortalecer los lazos humanos.
Recordar a quienes nos precedieron es, en definitiva, un acto de responsabilidad social y cultural. Porque cada tradición que preservamos contribuye a un modelo de desarrollo más consciente, inclusivo y humano.
El fuego que un día acompañó los rezos de las almas hoy ilumina nuestras mesas y conversaciones.
Y en esa llama sigue viva la idea que guía nuestro trabajo: recordar, honrar y celebrar es compatible.